No tiene fácil disculpa el hecho triste, vergonzoso, de la separación intelectual entre las diferentes porciones del mundo castellano, y sobre todo entre España y sus hijas las repúblicas de América. Un siglo de resquemores, tal vez de odios; un largo siglo de mutua incomprensión y mutuo desvío, es un plazo sin duda suficiente largo para pagar culpas antiguas. Es ya hora de que españoles y americanos desistan de anacrónicas actitudes. Cada vez se acentúa más la corriente de aproximación que arrostran los gobiernos y las entidades comerciales o universitarias. Pero tales corrientes aproximativas resultarán sin bastante suficiencia o eficacia si no les ayuda el interés y el mutuo estudio lite…
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