Ya es viejo, mas aun vive cual en sus años mozos, bajo un sol veraniego o una invernal ventisca; y, por esos caminos, va recitando trozos de romances en donde la tristeza se enrisca. Para llorar dolores y reir alborozos, trae a cuestas el viejo la guitarra morisca, la obscura compañera de trémulos sollozos, «de las voces, aguda; de los puntos, arisca».…
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