Había prescindido en mis novelas de todo prefacio, advertencia, aclaración ó prólogo, entregándolas mondas y lirondas al lector, que allá las interpretase á su antojo, puesto que tanta molestia quisiera tomarse; y esta costumbre seguiría en _La Quimera_ si, apenas iniciada su publicación por la excelente revista _La Lectura_, no apareciese en un diario de circulación máxima un suelto anunciando que “claramente se adivina, al través de los personajes de _La Quimera_, el nombre de gentes muy conocidas en la sociedad de Madrid, por lo cual el libro será objeto de gran curiosidad y de numerosos comentarios”. Desde _Pequeñeces_, se me figura que al público se le ha abierto el apetito. Fué _Peque…
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