Entre el centenar de alumnos con que contaba el colegio establecido por los jesuítas en Madrid, el primogénito del conde de Baselga era el que merecía mayores distinciones. Aquel niño pálido y enclenque, de ojazos soñadores y de expresión dulce y humilde, era el predilecto de los padres maestros, y el encargado de desempeñar todos los papeles distinguidos dentro del colegio.…
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