--Ciertamente, no tengo por qué quejarme--me decía aquel cuyas confidencias referiré en el relato muy sencillo y muy poco novelesco que voy a hacer,--porque, a Dios gracias, no soy ya _nada_, en el supuesto de que alguna vez fui algo, y a muchos ambiciosos les deseo que acaben de la misma manera. He encontrado la certidumbre y el reposo, que valen mucho más que todas las hipótesis. Me he puesto de acuerdo conmigo mismo, que cifro la mayor victoria que podemos lograr sobre lo imposible. En fin, de inútil para todos llego a ser útil para algunos, y he realizado en mi vida, que no podía dar nada de lo que de ella se esperaba, el único acto que, probablemente, no era esperado, un acto de modesti…
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