Lector indulgente: No quiero perder la buena costumbre de empezar mis novelas hablando contigo breves palabras. Más que nunca debo mantenerla hoy, porque acerca de _La Tribuna_ tengo varias advertencias que hacerte, y así caminarán juntos en este prólogo el gusto y la necesidad. Si bien _La Tribuna_ es en el fondo un estudio de costumbres locales, el andar injeridos en su trama sucesos políticos tan recientes como la Revolución de Setiembre de 1868, me impulsó a situarla en lugares que pertenecen a aquella geografía moral de que habla el autor de las _Escenas montañesas_, y que todo novelista, chico o grande, tiene el indiscutible derecho de forjarse para su uso particular. Quien desee cono…
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