Una casa editorial cinematográfica de los Estados Unidos me pidió hace un año una novela para convertirla en _film_, recomendándome que fuese muy «interesante» y se despegase por completo de los convencionalismos y rutinas que hasta ahora vienen observándose en las historias presentadas por medio del cinematógrafo. Yo admiro el arte cinematográfico--llamado con razón el «séptimo arte»--, por ser un producto legítimo y noble de nuestra época. Como todo progreso, ha encontrado numerosos enemigos, que fingen despreciarlo; especialmente entre los escritores faltos de las condiciones necesarias para servir á este arte, aunque lo deseasen. La llamada República de las Letras es un estado conservad…
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